A propósito del Bicentenario
Pasar por la Catedral metropolitana a medio día resulta un martirio para quien lleva prisa, hay demasiadas personas, unas caminando, otras tomando fotos, otras vendiendo. Sin embargo, uno se puede robar un segundo, un instante para notar que hay una joven tejedora. No es sólo alguien que pide dinero como los otros. Es una mujer sobreviviente de la explosión en San Juan Ixhuatepec, el 19 de noviembre de 1984, mejor conocida como la “tragedia de San Juanico”. Desde hace tiempo teje bufandas, pulseras, blusas, y las vende, seguramente, para su manutención. Llama a la curiosidad de los caminantes su destreza con las prótesis que tiene como brazos. Es una mujer fuerte al sentarse en uno de los lugares más concurridos del centro, en frente de la Catedral y exponerse a las miradas incisivas o indiferentes de los turistas y mexicanos. No esconde sus quemaduras ni su discapacidad, se muestra indefensa y olvidada por gigantes que en otras partes del mundo la ayudarían.


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